Especial Semana Santa nº 2
NUESTRO PADRE JESÚS DE JAÉN
Una tarde del año 1590, un anciano caminante apareció a las
puertas de un caserío cercano al Puente de la Sierra (según unas versiones,
ocurrió en la llamada Casería de Jesús, aunque otras versiones la sitúan en un
cortijo que había cerca de la Merced y que bien pudiera estar en la
actual calle de Jesús). Estaba agotado y a punto de desfallecer y pidió asilo
humildemente para pasar la noche.
La familia se
apiadó del pobre anciano y no dudó en acogerlo en su casa. Mientras compartían
su cena con él, el forastero se fijó en un gran tronco que usaban como banco y
exclamó: “¡Qué buen Nazareno saldría de ahí!”.
Le pidió a la
familia que se lo dieran, pues deseaba tallar una imagen de Jesús para
agradecerles su acogida, pues según les dijo, era muy hábil trabajando la
madera.
La familia accedió,
y el anciano les dijo a sus anfitriones que no saldría de su habitación hasta
haber terminado el trabajo, así que no debían preocuparse por él ni molestarle.
Transcurrieron dos
días y el matrimonio comenzó a preocuparse. Nada se sabía del anciano, que no
había solicitado instrumento alguno, y ningún ruido salía del cuarto.
Por fin, al tercer día, no pudieron esperar más y decidieron ir a ver cómo estaba el anciano. Al llegar a la habitación encontraron la puerta abierta. Penetraron con temor en la estancia y se quedaron boquiabiertos al encontrar la figura de Jesús apenas cubierta por un tosco sudario. Su cuerpo encorvado y cubierto de heridas y sangre; sus ojos, vidriosos y angustiados fijos sin ver en el suelo; su rostro contraído por el dolor, con los labios agrietados derramando su sangre por una de las comisuras.
Por fin, al tercer día, no pudieron esperar más y decidieron ir a ver cómo estaba el anciano. Al llegar a la habitación encontraron la puerta abierta. Penetraron con temor en la estancia y se quedaron boquiabiertos al encontrar la figura de Jesús apenas cubierta por un tosco sudario. Su cuerpo encorvado y cubierto de heridas y sangre; sus ojos, vidriosos y angustiados fijos sin ver en el suelo; su rostro contraído por el dolor, con los labios agrietados derramando su sangre por una de las comisuras.
El matrimonio buscó
al anciano viajero, pero no lo encontraron por ningún lado. Lo que sí hallaron
fue una nota escrita por él que decía: “A través de esta imagen, amadle con
todo el corazón, en la seguridad de que nunca os abandonará”
La figura alcanzó una gran fama y fueron muchas las peregrinaciones al cortijo para contemplar la magnífica obra.
La figura alcanzó una gran fama y fueron muchas las peregrinaciones al cortijo para contemplar la magnífica obra.
A la muerte del
matrimonio, fue trasladado al Convento de la Carmelitas Descalzas, donde la
gente acudía repleta de fe, a contemplarlo.
Existe otra leyenda
referente a la aparición de esta talla, menos conocida pero no por ello menos
curiosa.
En la cuadra de
esta casería de Jaén, una noche una de las bestias se hallaba terriblemente
inquieta. El animal dio una coz tremenda contra la pared y abrió un agujero en
ella. El mulero entró para tratar de calmar a la bestia y vio sorprendido que
tras la pared rota había una habitación oculta.
Penetró en ella y
fue allí donde encontró la figura de Nuestro Padre Jesús Nazareno, cubierto por
un sudario.
Por: Ecos de la distancia
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